

Mutaciones I.Mutaciones by ~Eulogio-C-Bonfanti
Yo, guitarra desafinada
Yo, suspiro
Yo, palabra y cosa
Y sacrificio
Sangre
Opacidad más pura
Anadamiento y.
II.
Suena.
No parece llanto
No más que una lágrima
perdida
en una mejilla.
Sueno.
Sibilancia y atrofia,
lo ténue y etéreo
perdido
en una habitación.
III.
Yo es yo.
Sospecho.
Yo es yo.
Quiero.
Yo es yo.
Desaparece.
Yo era yo.
IV.
R o t o
e b o t
s s d r
i e a o
s r v t
t v i o
o o a m
e i n a
l n o m
c m m i
h ó e l
o v p u
q i i g
u l e a
e r r.
d
o
V.
Mi verdad no alcanza
Por allá est


Neverending flashbacks Hacía ya tiempo que el pistolero Jimmy estaba vagando en la oscuridad de esa celda con paredes grises y olor a miedo. Hacía ya tiempo que había cruzado la puerta y había perdido una libertad para ganar otra. Hacía ya tiempo que las extremidades de su cuerpo se estaban entumeciendo: ya no las usaba tanto como antes, ya no eran recorridas por aquellas placenteras ráfagas de adrenalina.Neverending flashbacks by ~Eulogio-C-Bonfanti
Hacía ya tiempo que el pistolero Jimmy había tomado vidas. Recordó (porque la memoria era su último rásgo de humanidad, su única fuente de placer y su permanente infierno) aquella sensación amarill


Oraculos Krista ya estaba sintiendo sus pies incómodos. No es para menos, porque había decidido caminar todo el camino desde su casa hasta Delfos. Ahora no podía quejarse de su propia decisión.Oraculos by ~Eulogio-C-Bonfanti
El sol en el cielo estaba pleno, casi dominando el cielo excepto por alguna que otra nube que rompía la monotonía en azul. Krista estaba contenta de haber salido ese día.
Llegó al templo. Caminó hasta un altar a través de una amplia galería luminosa. "Es extralo", pensó Krista, "más atrás, en el camino hacia la Pitonisa, las rutas doblan, se retuercen, se bifurcan y se vuelven a bifurcar. C


El verdugo El pueblo no era muy grande, pero aún así, el verdugo siempre tenía mucho trabajo.El verdugo by ~Eulogio-C-Bonfanti
Doscientas personas, alguna más, alguna menos, estaban en el registro de ciudadanos, y el verdugo tenía hecha una soga para cada uno. Una corta y de nudo apretado para McFinnegan, un hombre flacucho y alto que trabajaba en los cultivos. Una Larga y bien trenzada para Horry, el gordo del almacén, que no podía medir más de un metro cincuenta. Tenía incluso sogas para gente que era improbable que fuera colgada, como el padre Thorpe, para el gobernador Birch y su secretaria Lucy, y para él mismo, que era muy obedie